Confesión – El dolor que tengo.

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Escrito por Alejandro Viloria. Domingo, 22/02/2017.

Hoy es un día de esos que tenía tiempo sin vivir. Es un día que duele, que es largo, que se hace eterno. Mi corazón palpita con espinas clavadas a su alrededor. Es un día que duele, que se convierte en par de días y que pudiera volverse en una semana o más, no lo sé.

Me duele porque son muchas cosas que están ahí que me lastiman mucho. La primera de ellas es verte sufrir, verte llorar porque te han tocado una tecla dolorosa la cual es tu familia, y sé muy bien cuánto tu familia significa para ti, me duele saber que sufres y que no puedo hacer nada para aliviarte o para ayudarte a sanar. Impotencia es la primera espina.

La segunda es que sé que de alguna forma sabes que estoy enamorado de ti, y que existe un silencio entre nosotros que empieza a sentirse con más fuerza. Sé que me ves como un amigo tuyo, y no sabes cuánto valoro eso, pero me duele saber que callas tu aprecio por mí para evitar confundir las cosas. Me duele ese silencio, me duele callarme lo que siento porque no es el momento de hablarlo. Me duele la distancia entre tú y yo. Nuestro silencio es la segunda espina.

La tercera es que me siento desconsolado ante todo esto, ante el hecho de no corresponderte, ante el hecho de que mis palabras no son suficiente para ayudarte, me siento desolado porque tú te vas y no sé cuánto tiempo pase para volverte a ver. Tú te vas y no sé qué tanto todo pueda cambiar entre tú y yo. Tengo miedo de que te alejes de mí y me duele ese miedo, me duele mucho que signifiques tanto para mí y que existan tantas murallas que me limiten en mis acciones. Te quiero mucho y no te lo puedo decir como es debido.

Hacía mucho que no sufría tanto, debo confesarlo, y es tanto lo que me abruma que he de pedir ayuda, pues no puedo solo con todo esto. Con tanto silencio, con tantas limitaciones, con saber muy bien que soy un amigo para ti y que sin embargo no soy enteramente tu amigo. Me falta el aire a veces, no concilio el sueño por las noches, me despierto en medio de la madrugada con pensamientos venenosos, y paso mi día sobrellevando la marea de la situación.

No quiero que me malinterpretes, eres dueña de tu vida y no soy nadie para decidir u opinar sobre ella, pero quiero que entiendas que me sientes mucho y que eres importante para mí, no me importa lo que opinen los demás, sólo me importa lo que opinas tú. No es fácil llorar a solas este desconsuelo, no es fácil sufrir por este amor que te tengo y que no estás viendo porque no sabes realmente todo lo que estoy sintiendo y viendo en ti.

Quiero lo mejor para ti, aun si mis espinas se clavan más en mi corazón, quiero lo mejor para ti. No sé cuánto dure mi sufrimiento, pero espero que tú estés del otro lado de este mar oscuro, sonriendo y alcanzando tus metas, siendo aquella persona de la cual yo me enamoré ya hace tiempo.

 

Confesión – Lo que yo soy.

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-Escrito por Alejandro Viloria. Lunes, 20/02/2017.

Sí, estoy enamorado de ti, pero hay un mundo de sentimientos que nacieron de lo que me haces sentir. Te confieso que he tenido noches eternas, días pesados, porque no soy perfecto, porque me confundo y me obsesiono, te pido disculpas por eso. Hay días en donde despierto de mi letargo y me doy cuenta del tesoro tan grande que tengo, y es simplemente tenerte, así con lo que tú me ofreces, así con la confianza que me regalas, con la sonrisa que me das cada día que nos vemos.

Yo soy un hombre extraño, y sé bien que no soy el más alto, que no tengo esos diez centímetros que buscas, que no soy el perfil de hombre que añoras, soy extraño porque hoy puede más el cariño que te tengo, mi necesidad de saber que todo está bien, y de que, de no estarlo, pues cuentas conmigo. Yo quizás no sea lo que tú buscas en un hombre, pero te daré lo que no muchos pueden darte: esto que soy. Yo soy quien te hace reír con mis ocurrencias y mis tonterías. Yo soy aquel que te mira en silencio, contemplando tu belleza tan natural. Yo soy aquel que espera algo a cambio hoy, y que mañana vuelve al inicio reconociendo que la amistad es lo que nos va mejor, por lo menos ahora, por lo menos hoy.

Yo soy aquel que quiere verte cumplir tus metas, y aquel que quiere ayudarte a levantarte de tus caídas. Yo soy esto y mucho más, yo quiero ser lo que necesites de mí que yo sea, buscaré la forma de hacerlo posible, porque lo mereces….

Yo soy extraño porque mañana quizás pueda más mi interés de conquistarte, olvidándome de lo que necesitas tú y poniendo por delante lo que necesito yo. Yo quiero la oportunidad de ser algo más que un amigo, pero sé que es complicado, sé que es difícil, que quizás sea algo que escape de mis manos. Yo soy aquel que tiene miedo de perderte. Yo soy aquel que tiene miedo de ser rechazado. Yo soy aquel que se calla y se traga los días pesados, las noches eternas, las ganas de romper en llanto, de lanzarme al suelo y dejarme llevar por las aguas de la cobardía y de la poca hombría. No sabes cuántas noches paso rezando para equilibrarme, para dar mi mejor versión, porque eso es lo que tú necesitas, porque es lo que yo necesito.

Soy consciente de mi posición, y sé que hoy soy tu amigo, y también estoy consciente de que hoy deseo la oportunidad de ser algo más que tu amigo y que eso no va con esta etapa de nuestras vidas. Quiero ser lo más fuerte posible, quiero demostrarte que puedo bregar con todo esto y más. Yo soy lo que quieras que yo sea, pero jamás seré alguien que te hiera, o que te perjudique, porque no me lo perdonaría. Te quiero mucho, y no te lo digo, no te lo hago saber, porque soy tarado, porque el silencio conflictivo me derrota, pero yo soy el que te dirá que te quiere más a menudo, y yo soy el que te lo demostrará siempre que sea posible, porque al final eres más que una amiga o que una conquista, eres un tesoro del cual yo soy dichoso de tener en mi vida…

Confesión – El Inicio.

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-Escrito por Alejandro Viloria. Domingo, 19/02/2017.

Es difícil empezar a decir algo así sin más, no sé por dónde empezar siendo sincero. Y si he de empezar por el principio, pues, hay una paradoja en esto, ya que hace un poco más de dos años que nos conocimos tú y yo, en un lugar en el que jamás aspiré hallar algo que significase más de lo que ofrece. Nunca aspiré encontrar algo en mi trabajo, tampoco quise encontrar algo allí, pues el trabajo es el trabajo, y la vida es la vida, es lo que tú y yo diríamos y eso está bien, debe ser lo adecuado, lo más sano. Sin embargo, me llamaste la atención, y, sí, me gustaba alguien más, me decantaba por buscar algo más en otra que no trabajase conmigo, pero, sí, reconozco que llamaste mi atención, pues he de reconocer que, a pesar de que a mí me gustan rubias de ojos claros, eres una morena muy atractiva.

Supe evadir las brasas de esa impresión que causaste en mí y me supe adecuar sin problemas. Nunca hubo mal rollo entre tú y yo para aquel tiempo, pero tampoco éramos amigos, sólo compañeros de trabajo. He de reconocer que de los pocos comentarios que cruzábamos en la oficina me hicieron juzgarte sin conocerte, muy mal de mi parte, y me arrepiento de ello, pues pude aprovechar ese tiempo en conocerte un poco más y darme cuenta de lo que eres antes, pero el pasado es pasado, ¿no es así? Sólo queda el presente.

Y es que en el presente todo es diferente. Al día de hoy en donde empiezo a escribirte sin que leas nada de esto, y trato de asegurarme de que así sea por los momentos… Al día de hoy te aprecio mucho, y la palabra aprecio se me queda corta, no envuelve todo esto que está ocurriendo. No es suficiente para expresar cuánto vales para mí ahora. A pesar de que otras eran protagonistas en diferentes etapas de nuestra amistad, de nuestro compañerismo, siempre estuvo esa espina clavada en mí, siendo ignorada, siendo escondida. Poco a poco se hacía notar más, la presión se hacía más grande, te veía y me gustabas más, y no es porque sólo te veía, sino porque te empecé a conocer de verdad.

Ya no eran simples papeles de trabajo, pruebas, indexaciones, empezamos a hablar de sueños, de metas, de gustos, de aspiraciones, de la vida tuya, de la vida mía, de tu pasado, y del mío. Empecé a disfrutar el hacerte reír, el hacerte enojar, el regalarte dulces porque sí, porque no había más motivo para ti que eso, pero para mí era sólo verte feliz. Aun así yo no lo reconocía, yo no lo quería reconocer, yo no quería tragarme mis palabras, el juramento que hice de no enamorarme en el trabajo, pues eso traería problemas. Fue cuando nos hicimos más amigos que compañeros, fue cuando rompimos la rutina del trabajo y salimos con el resto a cambiar el ambiente y a hacer eso de vez en cuando para refrescarnos y descansar de tantos números. Fue cuando no podía más y empecé a desgastar el poco espacio que tenía para contener tanto por mucho tiempo.

Es a partir de entonces donde empecé a pensarte justo antes de dormir, mirando a mi techo confidente, pero en ésas yo me quedaba callado, sólo miraba al techo con mi pecho agitado, pidiéndome reconocer lo que hoy siento por ti, y es que yo no quería aceptarlo, porque somos amigos, porque trabajamos juntos, porque eres distinta a las mujeres que siempre me han gustado, y no es malo, pero no estaba acostumbrado. Esto era algo nuevo para mí y tenía… tengo miedo, porque con las otras que alguna vez me gustaron yo sabía qué hacer, y si el destino quería que no se diese nada, pues ya yo lo sabía con antelación en muchos de los casos, pero aquí  no, aquí no tengo el control de nada, no tengo conocimiento de nada, y al no saber qué sientes, no sé cuál es mi lugar, mi posición, y si estoy cometiendo un grave error o si estoy ante una gran oportunidad.

Y llegó ese día, en donde ti vi más hermosa de lo que ya te veía, en donde te vi resplandeciente. Mi burbuja estalló, mis sentidos perdieron el norte. Eras mi compañera de trabajo, ahora eres mi amiga y estoy enamorado de ti. Supe mantener mi compostura, supe mantener mi perfil bajo, pero la noche de ese día tuve que decírselo a mi techo, tuve que dejarlo salir todo. Acepté que estaba enamorado de ti, y que me gusta todo de ti…

Confesión – Introducción.

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Cumpliré en abril seis años con mi blog. A veces no puedo creer que haya pasado tanto tiempo, cuando bajo mi percepción ha sido tan poco. Han pasado muchas cosas en esos seis años. Han habido muchas personas importantes que se han ido, otras que llegaron a mi vida… quizás habrá gente que se fue que regrese, no lo sé.

El contenido de esta serie es más ameno e íntimo que cualquier otra cosa que yo haya escrito durante esos seis años. He escrito para personas que han calado en mí, pero que ya no significan nada para mi persona, he escrito al aire, a una musa que no existe, he escrito al pasado, a momentos únicos con esas personas tachando lo que ocurrió después y tachando la salida de esas personas en mi vida. He escrito muchas cosas, he imaginado muchas cosas para escribir.

Esta serie es una confesión de muchos sentimientos que tengo hacia una persona de la cual aprendí que no lo sé todo, de la cual aprendí que soy un ignorante en cuanto a mujeres se refieren, creí saber suficiente, pero no, ella me enseñó que no sé nada, y es una situación que escapa un poco de mis manos, pues no sé qué piensa o qué siente.A ella le escribí los últimos tres poemas que he escrito, a fecha de hoy, en este blog: “Taína”, “Nunca pensé que me enamoraría de ti” y  “Cuando te vayas”. Algún día tendré esa conversación con ella, si Dios y ella misma me lo permiten. Sin embargo, de momento expresaré un poco de lo que ella me causa sentimentalmente, espiritual y mentalmente. No había escrito algo así desde el compendio de “La Danseuse de la Nuit”, ya hace siete años a mi última ex novia. Esta persona es única, definitivamente y dejaré ir por aquí todo eso a son de desahogo, a son de desinflamar mi pecho. Espero sea del agrado de las personas que transiten por acá accidental o voluntariamente, pues son mis confesiones a ella, la mujer que me enseñó que no lo sé todo y que nunca lo sabré todo.

-Escrito por Alejandro Viloria. Domingo, 19/02/2017.

Cuando te vayas.

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Alejandro Viloria. Sábado, 28/01/2017.

Cuando te vayas al destino que tanto soñaste y a ése que tanto había oído,

Mi corazón relampagueará centellas porque no estarás conmigo.

Cuando te vayas estaré oyendo tus pasos alejándose de mí,

Y así mismo estaré oyendo el eco lejano de los tacones tuyos acercándose en ese primer día en donde nos conocimos.

Ya yo sabía que te irías, pero mi corazón nunca estuvo listo…

Aún cuando sé que nos volveremos a ver, aun cuando sé que estarás conmigo…

Pero no estoy listo para verte partir sin que sepas que te quiero, y que siempre te he querido.

Porque amar a ciegas es un peligro, porque no sabemos qué nos aguarda del otro lado.

Cuando te vayas extrañaré verte cerca de mí, extrañaré invitarte a miles de sitios que combinan con el blanco de tu sonrisa y que se conjugan con tu ropa y tu belleza.

Cuando te vayas estaré un poco vacío, porque mi vida se acostumbró a tenerte un poco, y empezó a quererte completa.

Ya no somos los mismos, lo sé.No somos los mismos extraños que apenas se conocían.

Tampoco somos los mismos amigos que se querían. Sólo sabremos lo que somos cuando te vea nuevamente, cuando te mire a los ojos tuyos y mire lo que esconden.

Cuando te vayas alucinaré con momentos que no existen, que quizás no ocurran.

Cuando te vayas te despediré con un beso en la mejilla y  otro en tu mano, te miraré a los ojos y esconderé en ellos las palabras que no te he dicho y que tanto quiero decirte.

Cuando te vayas me iré de último de entre todos los que te despidan. Y serás lo primero que piense al otro día.

Cuando te vayas pelearé conmigo mismo porque quizás debí decirte algo más que un te quiero, que un te veré pronto. Quizás pelee conmigo mismo porque debería haber dicho que me importas, que me duele verte ir aun cuando seguro nos veremos de nuevo.

No eres un capricho mío. Eres la mujer que quiero y que se va a ir un día de estos, aun sabiendo esto, me quedo callado, porque yo sé muy bien que no es el momento.

¿Y cuándo lo será entonces? Sino cuando estas cadenas que nos atan nos suelten en ese lugar que anhelamos tú y yo, y sólo allí, libres, te cantaré mis estrofas internas, mi himno hacia tu persona.

Eso si tú te vas primero…Porque si yo me voy antes que tú, no sabría qué decirte, no sabría besar tu mejilla ni tu mano. Si me voy primero se esconderían mis latidos en el viento que batió tu cabello cuando te volteaste y me viste partir.

Pero igual no sabemos, no sabemos nada, no sabemos quién se irá primero, pero mientras tanto, vete tú adelante, para yo empujarte hacia tu destino, aun cuando yo te extrañe, aun cuando te vea pronto.

Cuando supe que te irías, estaba listo, pero no lo estoy para cuando realmente me dejes, porque te quiero tanto, porque quiero abrazarte fuerte, porque no sé si nuestro destino nos separe para siempre, porque amar es un instante, porque descubrí en ti el rocío de la vida, porque no quiero que nada cambie.

Cuando te vayas, serás el último beso con cariño y el primero que yo dé cuando vuelva a verte…

Nunca pensé que me enamoraría de ti.

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Nunca pensé que me enamoraría de ti, jamás lo habría imaginado. Nunca pensé que usurparías poco a poco mi mente… y que la llenarías con tu rostro sonriente y tu cabello perfumado a bellota enjuagada en el rocío. Nunca pensé que un simple juego me iría enamorando de tu nombre, de tu voz y de tu presencia. Jamás imaginé que suspiraría por no tenerte cerca, jamás imaginé conversar con mi techo blanco y distante sobre lo que me haces sentir día a día… sobre los días en donde te causo una sonrisa que ahuyenta mis pesares y que colma mis cielos con luceros azules, y sobre esos días tristes y desolados, donde estoy yo enamorado y tú no lo sabes, esos días abrazadores que me ponen a pensar en que si otro estará cerca tuyo narrándote poemas con sus manos sobre las tuyas.

Nunca pensé que nos tomaríamos el mismo café de siempre, pero que ya yo no miraría a los demás, que ya no pensaría en alguien más, nunca pensé beber de mi café mirándote tomar el tuyo, de mirarte mientras tú me miras… y de pensar en que quizás debas darme la oportunidad de sentarme a tu lado a bebernos el mismo café de siempre, pero juntos, contemplando el silencio de ese segundo desnudo de mentiras y de temas evasivos, contemplando ese segundo silencioso que descubre estas ganas de quererte en una mirada mía…mientras busco rozar nuestras manos de forma inocente, con mi mala intención de ponerla sobre la tuya y aferrarme a tus dedos de marfil… para revelarte un poco de esto que jamás imaginé sentir por ti.

Mi voz se la lleva el viento y no toca tus latidos. Mis sentimientos por ti se encuentran escondidos en las hojas del árbol más distante en aquel bosque de momentos que nos separan. Para mí no es fácil, pues no quería esto, no quería quererte así… No quería quererte tanto así como ahora te quiero, y no es porque tú no lo valgas o porque quiera a alguien mejor, sino porque tengo miedo de que no me quieras así como te quiero yo. Tú vales todo lo que yo quiero, y jamás pensé en quererte así. Me gusta cuando me regañas con aquel ceño de avellana… fruncido sobre el marco de tus ojos. Me encanta contemplarte con el cabello suelto, tan largo como un río bermellón que se lleva las rocas de un manantial a dormir en las profundidades del mar. Me llena de felicidad ver tu rostro de sorpresa cuando te resbalo un dulce sobre tu mesa para endulzar tus tardes de trabajo. Me fascina verte sonreír, y no me importa si te ríes sola o si alguien te dibuja una sonrisa en tu cara de almendra y miel, pues tu sonrisa me ilumina la vida. Me encanta todo de ti, lo que ya conozco y lo que aún me queda por conocer.

Nunca pensé que me enamoraría de ti, porque para mí eras una conocida de la vida, una mujer más en la parada lluviosa… y sólo cuando abordamos el mismo tren, sólo en ese momento, cuando vi más allá de las luces de tus ojos, allí me di cuenta, allí lo supe, que tú no eras lo que yo pensaba, que tú eras algo más que una mujer yendo a su morada, allí supe que algo sucedería, pero nunca que me enamoraría así de ti, después de tanto tiempo montados en el mismo tren…

Estoy herido y no lo sabes, no tienes por qué saberlo, estoy herido de este querer estar contigo, tomando tu mano, acariciando tu cabello, de querer acostarme mirando tu sonrisa cerca de la mía, sintiendo tu aliento chocar contra el mío… Estoy herido de querer estar a tu lado, hablándote de la vida, escuchando tus palabras que me dicen cómo te sientes, que me cuentan qué sueñas y qué anhelas. Jamás pensé en estar así… en estar así por ti. No tienes la culpa, jamás la tendrías, solamente sucedió, así como amanece y se esfuma el invierno bañando rosales dormidos. Simplemente sucedió esto y es cosa mía, es culpa mía no haber sabido cómo detenerlo.

Puede que aún haya tiempo, pero para mí es tarde porque ya no quiero detenerlo. Puedo darme la espalda e irme hacia el poniente lejano, pero no quiero… no quiero dejar de quererte así como ahora yo te quiero. Hay algo en ti que me llama, así como las montañas llaman al viento, así como las flores llaman a los colibríes. Así me llama tu misterio, tu belleza tostada como trigo sobre el fuego. Y, sí, tengo miedo de que te vayas y no regreses, de que no te corresponda, de que mi cariño no sea suficiente, aún sabiendo que puede ocurrir esto, me quiero quedar cerca de ti, hasta donde me permitas hacerlo, porque te volviste importante para mí, y no sabes eso. Ahora te pienso día a día, y oro a mi creador porque estés bien, para que nada te toque y te hiera, aún si yo no soy nadie para pensarte, aún si yo no soy nadie para entrometerme, pues no tengo ese beneficio sagrado de besar tus heridas o de meterme entre las balas y tu cuerpo, aún así me importas a pesar de no tener ese derecho.

Nunca pensé que me enamoraría de ti, que te querría tanto, y no pasa por mi cabeza ni por mi pecho el pensar lo contrario.

-Alejandro Viloria. Lunes, 23/01/2017.

Incertidumbre.

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Es eso que sientes cuando deseas saber qué ocurrirá en aquellos eventos que son importantes o determinantes en tu vida. Estamos hechos de metas y de momentos… decisiones que se toman con base a dichas metas y con base a las emociones que acarrean. ¿Esto sucede en el amor? Sucede porque sí, desde ese primer momento en el que te atrae esa persona. Así como crece la empatía, el agrado de la compañía de esa persona, así como todo va creciendo y evolucionando hasta convertirse en sentimientos profundos, en mariposas en el estómago, en un pálpito súbito y único que sucede cada vez que miras a esa persona acercarse, así crece la incertidumbre.

Incertidumbre porque no sabes qué ocurrirá entre ustedes, porque de alguna u otra forma hay cierta duda en si lo que haces o planeas hacer es lo correcto o es apresurado o desesperado. Hay días en donde quieres tirar todo y dejarlo así, otros en donde bregas con las olas grandes y salvajes de esta ansiedad que te acompaña y logras domar unas cuantas. Existen momentos en donde pretendes presionar todos los botones de un golpe a ver qué ocurre, porque no soportarías un día más con ese pecho pesado y apretado, con ese frío en lo más profundo de tu estómago, con esos pensamientos sobre situaciones probables que no han sucedido y que probablemente no sucedan así como lo piensas… es más, ni han de suceder.

Miras a esa persona y debes ser elegante con lo que expresas; contener esa marea de sentimientos y emociones, esos pensamientos que edifican un santuario a su nombre, esas palabras en las que prometes hasta bajar miles de lunas si ella lo pidiese. Sientes presión, pero no por ella ni por cómo se comporte contigo, sientes presión por ti mismo, porque comparas esto que sientes por esa persona con hechos pasados, con momentos amargos y errores que quizás cometiste y con,en consecuencia, los fracasos amorosos que tuviste, y de alguna forma quieres cuidar tus espaldas para evitar salir herido, porque no quieres una decepción más en tu historia, no quieres otra marca, otra herida que te recuerde el lado amargo de amar.

De la incertidumbre nació esa ansiedad tuya y de esa ansiedad nació la imaginación negra que te hace evocar al pasado y a momentos ficticios en donde colocas a esa persona en situaciones en donde te da la espalda, en donde se aleja y se separa de ti, porque quizás dejaste de hacer algo, porque quizás hiciste demasiado, porque quizás lo que hiciste no era lo correcto. La incertidumbre te convirtió en tu propia jaula, en aquel muro largo que separa tus metas de ti mismo, de la confianza y de lo que tú eres realmente. Y cuando te das cuenta, dejaste de ser tú mismo, fingiste emociones y palabras para tratar de “asegurar” una oportunidad, para crear la llave que abra las puertas del corazón de esa persona especial.

Nunca fue esa persona la que te causó eso que sientes, fuiste tú mismo, pues en tu inseguridad creaste muchos espejos en donde se dejó de reflejar ella y empezaste a reflejar tus demonios. Esa persona está en tu vida porque eres lo que eres, porque la amistad que tienen es invaluable y es con base a eso que se construye una relación próspera y sincera, pues una relación se crea con fundamentos y cimientos sólidos: confianza, amor y sinceridad, las cuales son bases de una amistad sincera.

¿Sientes algo por alguien? Se tú mismo,  conoce a esa persona, crea una relación por la cual exista una linda amistad en donde muestres tu cariño e interés por esa persona, sin maquillajes, sin excesos, pues los momentos oportunos nacen y el corazón conoce bien cuándo obrar si realmente confías en ti. ¿Habrán días de incertidumbre? Sí, sí los hay y los habrá, son inevitables, pero confiando en lo que eres, amándote tal y como eres, conociendo a esa persona, confiar en lo que ella es y valorarla por eso que ella es te harán enfocarte no en concretar una oportunidad, sino en valorar los momentos que comparten juntos, y de ser para ti esa persona, la oportunidad se dará cuando menos lo esperas, si no lo es, pues tienes la certeza de que nada quedó adentro y que todo lo que hiciste salió verdaderamente de tu corazón.

Amar duele, pero amar de verdad es cuando te alegras por lo éxitos de esa persona, cuando la ves parada frente a ti y sabes que esa persona es feliz, amar de verdad es cuando estás sereno y tranquilo contigo mismo. Es cuando la incertidumbre se convierte en disfrutar los momentos con esa persona sin etiquetas y sin mirar hacia atrás o hacia adelante, sino hacia su rostro viviendo el presente.

-Alejandro Viloria. Viernes, 06/01/2017.