La Soledad Me Besa Esta Noche

“La soledad me besa esta noche y me hundo en recuerdos. No hay techo que la ampare esta noche. Hoy le doy cobijo en los umbrales de mi ser. La soledad me besa esta noche y me hundo en recuerdos… Desde aquel beso que le dibujé en los labios, hasta el sol que brilló entre las hojas vivas de aquel árbol en la colina. Me desdoblo entre el pasado agridulce y el presente incierto en el que sucumbo. La soledad vino hoy y me robó un beso de nostalgia y sonrisas a medias. Vino a recordarme el futuro que no nace y que se fecunda en este segundo largo en el que descanso. Quiso llover tristeza esta noche; a cántaros quería menguar la calma y así devorarse el paseo de la luna por mi ventana. Esa luna que va modelando su belleza ante mis ojos para recordarme que sigue intacta ante el transcurrir del tiempo… La quería menguar hasta la oscuridad aquellos recuerdos añejos. Me aferro a las almohadas en son de escuchar de nuevo su canto a mis oídos. Me aferro por última vez a su canto que me mantiene cuerdo. La soledad vino vestida de imágenes, como un álbum que se come el polvo, pero no  la memoria. Vino vestida de ella, y en ella se sienta para acompañarme hoy. Enciendo una vela para mantener la luz como guía en su presencia. Para verle el rostro de nuevo, porque ya no me acuerdo de cómo era. Todos duermen haciendo sus vidas ajenas, y yo me desvelo pensando en el teorema de mi existencia. Campa las nubes tórridas de angustia y melancolía. Pasa la luna como de costumbre en su rutina de visita. Las estrellas van y vienen, se esconden y vuelven, dando vida a esta noche. Atracan los barcos en una laguna de lágrimas y abordan las memorias de un misterio. La soledad me besa esta noche, con pasión y deseo. No es ni falso, pero tampoco cierto. Ni los trigales se bañan de miel en verano… Ni las amapolas las cultiva un espantapájaros. Hasta los ríos que nacen del pico de una montaña escondida, se mueren en el océano neutral… Y renacen en las lágrimas de un fantasma. Ni una manzana conoce un durazno, ni crecen del mismo árbol. No soy en ella, ni ella en mí. La soledad me consuela esta noche; camina y camina apagando las luces, dejando una testigo del ritual de un romance. Voy y me acuesto a mirar atrás, a mirar que aquellos labios van a silenciar otros de muchos más. Recuerdo que la quise y soñé que le amé, quizás he de querer que no vuelva o que se asome y me vea. La soledad me besa en su nombre, para irse y no volver. Me aferro y la dejo, dejo que se vaya dentro del cielo nocturno. Va y apaga la última vela, para dejar que la luz de su mirar se dilate en mis pupilas… Y con ella se esfuman los recuerdos, arrancándolos de mi alma y mi arte miscelánea. La soledad me besó esta noche y se fue sin mi cuerpo. Me robó el trago amargo de esos recuerdos. La soledad se fue sin decir nada, y recuerdo que la quise, pero no la amé. Recuerdo que se fue con mis recuerdos, y se llevó hasta la misma noche. No vendrá más a perfumarme de miseria. Ya no será noche ni será solitaria, porque alguien me agarró de la mano, miré a su rostro y era la luna que bajó a alumbrarme el alma.”

-Lunes, 06/06/11. Escrito por Alejandro Viloria.

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