L’arte della Passione Parte III: El Arte de la Pasión

“Dirán todos que no hay arte más bello que el arte de hacer el arte.

Que mientras el hombre haga lo que ame, es bello su arte.

Tienen razón en decir que el arte es bello por ser una esencia eterna,

Pero ha de ser más hermoso el arte de amar, porque amando la vida es doblemente hermosa.

Lo compruebo en esta historia, que el hombre crea milagros con su arte mientras ama.

No hay arte más bello que amar a una dama…

El corazón sana las heridas, mientras late en honor a su presencia.

El vivir cada día se convirtió en un milagro para él, porque estaba ella.

La vio de nuevo, dije, la vio y sus cadenas rompió.

Más obvio que el amanecer del sol. Más claro que la confesión de un pecado.

Su amor retoñaba flores en su mirada hacia ella.

Sus palabras eran un perfume inocente de desear la felicidad en aquella existencia.

Ella, humilde, le agradeció el gesto de alegrarle el día.

Él, enamorado, comía de las sombras que dejaba ella atrás.

Le ponía una alfombra de halagos y sombrillas de cumplidos.

Dibujaba que la amaba, como un colibrí sobre un lirio.

¿Qué pasa cuando la marea sofoca las costas de una isla tímida?

¿Qué pasa cuando las colinas sofocan la vista tranquila de un paisaje vespertino?

Pobre enamorado, no mide límites ante la mujer que ama.

En su bella manera de amar, cansa lo que cansa escuchar la misma verdad engañosa.

Era el refrito del mismo día, todos los días.

Él, sigiloso buscando cautivar la dama de sus sueños.

Ella, huyendo al hombre apasionado.

Qué bella comedia llena de inocencia la de ambos.

Tan dura como una ostra que guarda la perla más preciada, así ella se comportaba.

Tan necio como el viento que hace danzar a las hojas perezosas de un domingo, así él se comportaba.

No hay que dejar que el amor controle el pensar sereno.

No hay que dejar que el amor se suicide por tanta devoción.

Pero eran golpes de madurez, nada que las palabras correctas arreglasen.

Se daría cuenta esta vez, aquel hombre desesperante, y escribiendo sus sentimientos decidió convencer…

Ella quería, pero no quería. Gustaba y no gustaba de las buenas intenciones del joven.

El tiempo aflojó sus candados de virgo y mostró la flora de su corazón.

Entre sonrisas el amor fue inundando el ambiente,

Pues el hombre fue digno de mostrar que ama tanto como ama un árbol al sol.

Y ella dio la llave a su corazón. Ella confió en vivir de la mano del joven.

No hay arte más traicionero, ni tan excelso… No hay arte tan milagroso como lo es el amor.”

-Jueves, 07/07/11. Escrito por Alejandro Viloria.

 

 

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