El Ajedrez de la Vida.

Todos fuimos, o quizás somos aún, semillas… El tiempo pasó, pasa y pasará dándonos la oportunidad de crecer. Y nuestros deseos nos moldean, nos dan la forma en la que nos convertiremos luego. Algún fruto daremos, pero seguramente daremos algo a la vida de regreso. Cuán dolorosos son algunos momentos. Son los más marcados por nosotros, pues el trauma o la nostalgia hacen que evoquemos esos recuerdos, pero no es eso, eso pensamos, eso creemos y con eso damos por existentes tales memorias. No es por ello, ni lo será; son las dudas. Dudas de lo que pudo ser o hubiese sido si la dirección hubiese sido otra, si el viento hubiese soplado a la izquierda, en vez de la derecha. Si el sol se hubiese ocultado a una hora y no en otra. Si el amor distante hubiese sido posible. Si las decisiones hubiesen sido otras… Siempre toca a la puerta la rabia, la confusión, la impotencia, el vacío. No es egoísta vivir aquellas tormentas que son obligadas en nuestra vida.

Creímos haber amado de verdad, pero no fue así. Creímos tantas cosas que fueron equivocadas. La vida sólo regala un momento y una oportunidad de elegir. No podemos regresar de nuestro sendero al inicio para tomar el otro camino, sería hacerle trampa a la vida y a nosotros mismos. Hay que asumir los oleajes de nuestra existencia, nuestros caprichos y las consecuencias. ¿Adónde van los amores que no fueron correspondidos? Preguntamos a veces. Hay una respuesta realista, ante tantas que queremos y no queremos escuchar. Una sola cabe y es que van a donde deben ir. Gente va y viene en nuestra vida, como si fuésemos una calle transitada por miles de alma con rumbo propio y guión a seguir… a veces van sin guión y se dejan llevar por la intuición. Algo tienen todos en común y es que nos dejan un regalo, una esencia única, una moraleja de sus fragancias, miradas, sonrisas y palabras. Situaciones fértiles para nuestra alma que nos ayudarán más adelante y nos completan un poco más. No controlamos el futuro, pero controlamos el ahora. Un simple movimiento del timón de nuestra vida cambia la manera en cómo amanecerá el mañana, así como cambia la situación en un juego de ajedrez cuando movemos una simple pieza; nada es igual a como era antes.  Todo lo que decimos o callamos, cambiará nuestro destino. Hay gente que no queremos que se vaya, pero algún día se irán. Es doloroso, como dije antes, bastante, pues no es fácil dejar ir a alguien a cumplir con su papel en su vida, a seguir adelante. El tiempo es sagrado y a veces él mismo juega con nuestros sentimientos, creemos. Hay cosas que no se dan porque no deben darse. No están en los planes, es así.

¿Qué estarán haciendo todas las personas que transitaron y están transitando por mi vida en este momento? Algunos duermen, algunos sueñan, algunos lloran, algunos pierden o aprovechan el tiempo, otros sonríen, otros pelean, otros piensan… Sé que ninguno estará pensando en esto, pues no toca. Toca cuando nos damos cuenta, quizás muy tarde, del sentido de todo esto. Cuando nos damos cuenta del por qué hay amores que deseamos con tanto aínco y no se dan, cuando apreciamos a alguien y se debe ir, que debe vivir a otro ritmo fuera de nuestra frencuencia, cuando fallamos, cuando ganamos, cuando alguien entra en nuestra vida y se queda, sólo cuando nos enteramos de la realidad de todo, sentimos profunda alegría aderezada con nostalgia, pues en esos momentos crecemos un poco más, por dentro. Será lo que deba ser, y ésa es la vía a nuestra felicidad. ¿Cómo no confundir lo que debe ser con lo que puede ser cambiado? Intentando. Luchar por lo que amemos. A veces queda la desalmada duda, pero se difuminará con el precioso tiempo, pues en ese tiempo sabremos lo que realmente sucedió. Hay que intentar lograr esos amores y deseos, ya que ante nuestros ojos, mirando al rostro del que amamos, hallaremos todas las respuestas a nuestro pasado, presente y futuro… En la vida hay riesgos y emociones; así como el ajedrez. No sabremos si perderemos o ganaremos si no jugamos. Pensando meticulosamente o jugando con simplicidad, hay que  mover las piezas y así sabremos cómo acabará la partida.

La vida trae un repertorio de decisiones, ninguna es la incorrecta, pues, a menos que pueda ser correguida, la decisión pertenece a los planes divinos, a nuestro crecimiento como semilla. Mientras se luche por los deseos, obtendremos todas las respuestas a su momento ideal.

-Escrito por Alejandro Viloria. Domingo, 11/03/12.

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