Alma Mundana

Pienso y nada aparece. Busco dibujar mi mente, pero nada se asoma en mi lienzo.

Ningún color. Ningún sonido. Como si mi alma no sintiese, así como una piedra en el desierto.

Es agónico querer plasmar un sentimiento que aún no nace en el corazón.

Es tormentoso desear escribir un caudal de emociones sin saber a dónde van.

Sólo recuerdo en desteñidos blancos y negros los momentos de un ayer lejano.

Momentos que moldearon mi ser, mi humanidad con detalle profundo…

Momentos que no vendrán a visitar mi presente y que sólo quedan para dejarse ir en una hoja por mi mano…

¡No hay princesas en los castillos ni espadas para los caballeros en luto!

Un viento frío se llevó el polvo de mi existencia,

¡Qué perdido me hallo!

Que yo no tengo brújula en mano para ir a donde las estrellas me han dicho.

¡No sé de dónde vengo y no recuerdo a dónde voy!

Escribo con el pecado de la frialdad en un tiempo donde debería fluir la dicha.

Dibujo en tonos grises con la mirada perdida y con el eco de risas ocultas en el cuarto.

Y es por mi culpa, pues mi fe me trajo con calma y claridad, ahora no hay nada sino oscuridad.

No hay mandamientos para decisiones mal tomadas ni futuro para el que se duerme en los segundos.

Las brisas ya no me calman ni el sonido de los ríos me colma,

Pues la agonía de vivir por vivir me carcome con nerviosismos eternos.

¿Acaso abandoné mi eternidad por lo mundano?

¿Dejé entrar a extraños a degustar de mis ánimos?

¡Oh, tentaciones van y vienen por mi ser!

¡Me dormí para no despertar otra vez!

Una noche bastó para destruir lo que yo una vez fui.

Un día bastó para salirme de mi rumbo, para sufrir el calvario de la herejía de mis deseos.

Mi existencia no perdona ni las miradas ni las horas.

El rezo desde los cielos no penetra mis ventanas, como si estuviese en los umbrales del purgatorio.

Pago el precio de un placer añejo. Pago con la eternidad misma ese precio…

Todo en blanco está. Todo en negro está ahora…

Tuve mi oportunidad, la tuve siempre hasta ahora.

No sabía, pues nunca le quise dejar entrar a Él…

Sabía quién era, pero a sombras preferí invitar a jugar en el pecado de la oscuridad.

Ahora estoy preso en la ciénaga de las consecuencias. Presa mi alma que fue pura y ahora se duerme en el tiempo.

-Escrito por Alejandro Viloria. Lunes 23/04/12.

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