Un Espejo No Basta…

Un espejo no basta, y si se piensa profundamente, no sirve. No sirve para ver la belleza de uno mismo o de otra persona. Una foto, el maquillaje burlón, nada de esas cosas muestran lo que somos. He notado que desde que nos perdemos en el mundo, nuestras espectativas de belleza y nuestras perspectivas sobre el tema van en sentido mediocre y muy antinatural. Para mí no existe nada más triste que una mujer que se apague por la opinión del otro; aquella opinión de si encaja en los parámetros de la “belleza” o no. ¿Es que acaso unas frías y falsas palabras harán que nuestro mundo siga girando? ¿Un cumplido mecánico, hecho solamente por cortesía ácida, hará que nos sintamos bien con nosotros mismos? La belleza no está en las ropas, combinaciones con zapatos, labial, bolsos, peinados, sombras, poses ni blancas sonrisas de invierno, todo eso se lo come el polvo, es lo que he pensado y pienso con mayor seguridad. No existe nada más hermoso que la belleza que nace con nosotros, adentro. La belleza de esa razón por la cual nuestro corazón late débil o fuertemente cada día de nuestra existencia. La razón por la que nuestro espíritu se entrega a nuestros deseos, oraciones y espectativas personales.

La belleza que radiamos desde nuestra alma es lo que debe mover al mundo. Es lo que debe mover el amor, la felicidad, la esperanza, la paz y la serenidad. Nada de estas cosas está en palabras de alguien que no volveremos a ver jamás en nuestro camino. Nada de eso se encuentra en la mirada triste de una dama que da a un espejo, viendo el reflejo de sí misma con lástima y desamor. Mucho menos lo está en un hombre preso de los vicios y modas que nos arrastran a la infelicidad. ¿Qué más perfección que amarse a sí mismo y proyectar eso a la gente? No existe nada más que eso. Es lo que deberíamos llevar y lo que deberíamos aconsejar siempre. De nada sirve emperifollarse, cuando la piel desnuda y natural muestra la luz de nuestra confortabilidad. No digo con esto que el capricho del arreglo y las vestiduras variadas sea malo, pero cada quien debe conocer sus excesos y el por qué de ellos.

Espero que aquellos que lean esto, me entiendan, pues, repito, de nada vale verse en un espejo y parecer un maniquí en un álbum de fotografías, si estamos secos y feos por dentro. La gente que carga este malestar, jamás está conforme consigo, ni lo estará. Siempre hay que mirar a nuestro interior y limpiar las impurezas: ver las infinitas praderas de nuestro ser; esas praderas que nos otorgan miles de razones para sonreír con sinceridad y aceptar nuestras condiciones, ésa es la belleza de la que hablo. No existe nada más hermoso que los ojos puedan apreciar que la belleza verdadera de una mujer. Una mujer que se ame a sí misma por quien ella es. Que ame cada extremidad de su ser y cada rincón de su espíritu. Ver tal cosa es como contemplar el germinar de una bella flor en el desierto.

Mujer, siempre serás bella, por más desubicada que estés en las espectativas de terceros. Siempre serás una princesa en este reino llamado mundo. Siempre serás ejemplo de pudor y pureza, siempre y cuando muestres el amor que te tienes, cuando te aprecies y valores. Cuando lo de afuera pase a un segundo plano. Ese es el ejemplo de mujer que necesitamos todos en este mundo. ¡Sal al mundo a ser bella! ¡Sal a iluminar las calles con la luz de tu bella sonrisa!

-Escrito por Alejandro Viloria. Jueves, 10/05/12.Image

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