La Armonía

Cuando alcanzamos un equilibrio en nuestra vida con respecto a lo que conocemos como bueno y como malo; lo que realmente nos beneficia, lo que nos perjudica y, sobretodo, lo que nos perjudica pero que se disfraza de algo que creemos añorar. Cuando alcanzamos el equilibrio entre lo que necesitamos y lo que debemos hacer. Entre lo que nuestras metas y sueños. Cuando maduramos y aprovechamos el tiempo como corresponde con los seres que amamos y con los que nos necesitan y no nos conocen, todo eso es la armonía.

 

Muchas veces en nuestra egoísta manera de ser, de pensar. En nuestro mundo encerrados por lo que nosotros señalamos como correcto o no. En tantas cosas que nos encadenan a un caminar maléfico para nuestro espíritu, por nuestra falta de generocidad y comprensión… En todo ello hay amargura y sal que nos desvían nuestra paz. La paz a la que estamos llamados a perseguir.  Vivimos odiando y juzgando con tanta recurrencia que nos volvemos gárgolas de nuestras ideas. Escapamos de todo por el espejismo de una verdad que no existe en nosotros. Vivimos desechando personas por cosas que no nos gustan y que no conocemos y no queremos conocer porque estamos estancados en nuestros ideales. Otras veces perseguimos algo que creemos nos hace sentir alegría y paz y se transforma en obsesión y placeres que nos desgastan. Huímos de los que nos aman por estar con personas que comparten los mismos ideales que nos hacen achicar la puerta de nuestro corazón a aquellas personas buenas que nos quieren tender su mano con cariño. Es más fácil escuchar las alabanzas de los chacales que nos envuelven en negatividad, vicios o pensamientos radicales que destruyen la hermandad humana que milenariamente nos ha llamado, pero no queremos atender. Es mucho más fácil escuchar lo que queremos oír que escuchar la verdad que detestamos.

 

¿A qué viene la armonía? Pues armonía es hacer todo lo contrario y dejar entrar en nuestras vidas a la gente buena, la gente armoniosa que nos quieren ver felices, y desechar a la gente mala y cizañera, pero no sin antes intentar contagiarlos del carisma de la felicidad, porque vendría siendo lo mismo estar con la gente benébola y colocar una muralla a la gente negativa y viciosa, gente que es así porque no saben qué es el amor y qué es el amar. ¿No es una gran señal de armonía el querer tender la mano a los que viven marginados de la sociedad? Más vale intentar y ver si se da el milagro del cambio y la lucidez, si no ocurre, pues la semilla en esa persona estará ahí y en algún momento, por experiencias que nos regala la vida, la persona podrá cambiar por su mismo esfuerzo, es la esperanza de la paz. Porque si vivimos acaparando nuestra paz y felicidad, es lo mismo que vivir infeliz, pero con la mentira de que alcanzaremos la armonía porque ya sabemos cuál es el camino indicado. El camino de la paz y la armonía con nosotros y nuestro entorno también necesita el esfuerzo de contagiar a los infelices con nuestras experiencias y nuestro amor…

 

Mucha gente ofrece este camino por ideales corruptos, entonces, ¿cómo saber si algo es bueno para nosotros? La respuesta radica en nuestro espíritu y nuestro cuerpo, en no abusar de los extremos. Cuando algo te hace daño físicamente, tu cuerpo sentirá el malestar, ya depende de ti reconocer tal malestar y atenderlo. Cuando algo te hace daño sentimental, emocional y espiritualmente, pues el malestar radica en nuestra alma. Cuando amamos a alguien y este nos lastima. Cuando seguimos un ideal que implica esclavitud de nuestros pensamientos. Cuando simplemente ese camino que tomamos no arroja resultados que nos hacen sentir plenitud, que nos hacen sentir paz, que nos hacen sentir colmados de amor otorgando aquella sensación ardiente en nuestro pecho y aquel calor que baja por nuestra espalda; señales físicas de la energía tan pura que recorre nuestro ser. Cuando nada de eso ocurre y nos vemos esclavizados por nuestros pensamientos, por la gente que creemos amar y no nos ama, entre otras situaciones, es allí donde nos hemos engañado y hemos perdido el tiempo en un camino falso que nos devora. Depende de nosotros y de nuestro entorno retomar el camino que nos corresponde. Depende de si tenemos la capacidad para levantarnos.

 

El estar en armonía nos hace sabios de nosotros mismos, aunque siempre queden cuartos de nuestro ser en los cuales jamás hayamos entrado y quizás ni tengamos el tiempo suficiente de entrar, pero nos hace sabios en nuestras decisiones, porque sabemos qué nos hace felices y qué no. Nos hace valorar cada segundo y cada momento tanto bueno y malo, porque vivimos un bello momento con quienes amamos, con quienes se dibujan una sonrisa en su rostro porque compartimos el amor que nos colma, con nosotros mismos en la bendita soledad que a veces aparece porque necesitamos un espacio para nuestro silencio o nuestra interiorización. Porque a veces vivimos malos momentos que nos enseñan a no cometer el mismo error, que nos enseñan que no somos mejor que nadie ni nadie es mejor que nosotros en nada, que nos enseñan paciencia, generosidad, calma y humildad, y que nos enseñan a valorar los buenos momentos y lo que poseemos; porque lo que tenemos es más de lo que necesitamos en muchos casos. El estar en armonía es estar en la cúspide de la vida y pues queda vivirla en intensidad.

 

Aprovecha el tiempo. Conócete y busca superar tus debilidades. Levántate y contempla tu entorno; desecha los vicios y los caminos corruptos. Estudia aquellos caminos que pudiesen llevarte realmente a la armonía, y sólo aquel en el cual sepas que pueda estar en ti, será el camino indicado. Tiende la mano a los que están alejados de su felicidad y están presos en los vicios y el odio hacia el otro; enséñales el amor que tú conoces, si no responde, pues allí estará la semilla en su alma, buscando germinar. No seas la base de nadie, pues nadie debe depender de ti, cada quien es dueño de su vida y debe asumirla con responsabilidad, pero siempre estate cerca, pues no hay nada más confortable que estar rodeado de los que nos aman y amamos. Ámate para poder amar a los otros, para amarte debes conocerte y aceptarte. El camino está siempre cerca, sólo debes atender a él y seguirlo. Ésa es la manera correcta a la que estamos llamados a vivir. Ésa es la felicidad. Eso es lo que debemos ser. Sal y busca la armonía en tu ser.

 

-Escrito por Alejandro Viloria. Jueves, 06/06/12.

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