Samidare.

El comienzo de la lluvía de verano se esparse sobre los campos.

Se esparsen cuan risos femeninos sobre la almohada.

Gotas que riegan el fértil vientre, terruño místico que adormese nuestros pesares.

Como es la lluvia, así son las palabras; miles que se derraman en el plano de la hoja;

Plagando del susurro de nuestra alma, el silencio del vacío.

Se baña de esperanza la mirada de los heridos, de aquellos caídos entre los duelos del hombre.

Se inunda de matices los oscuros del ahora, por el germinar de un amor milenario.

Después de la sequía de un beso, viene la calma de un te quiero,

Porque el tiempo es de uso sabio y de cordura fina…

Porque después de tanta agonía, suenan los relámpagos de la alegría tardía.

Quitaros las cadenas del tormento húmedo y áspero; de la tortura de la impotencia.

Quitaros la rabia, el calor de la ira… con las sonrisas de la inocencia vecina.

Abrazad al ser amado y al enemigo distanciado.

Sed como la lluvia, la lluvia de verano.

 

-Escrito por Alejandro Viloria. Miércoles, 07/11/12.

 

 

 

 

 

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