Edén.

Ni mil prosas teñidas con la elegancia de tus vestidos pueden describir tu pudor.

Ni mil rimas tejidas con la delicadeza de tus gestos podrían contar la definición de tu persona.

Ni el dibujo de tu encanto sobre las letras de la poesía podría impregnar mis hojas de tu fragancia.

Por más que he de escribir sobre tu alma, no existe manera alguna de satisfacer la valía de tu ser.

Por más que se escapen las palabras de mis labios, ninguna describe la belleza tuya, mujer.

No hay himno que retumbe en los confines del mundo y logre anunciar tu preciosura.

No hay canción que entone la melodía que resuena en mi mente por causa de tu ternura.

No hay poema que exprese lo que ha de sentir el hombre que te vea bailar por las calles, muñeca.

Ni tampoco es capaz ningún poeta de plasmarte completa en el crucigrama de su existencia.

Ningún paraíso va de la mano con tu delicadeza, tampoco el Edén complejo con el Adán suspendido en las redes de tu hermosura.

Tú no eres belleza, rosa escarlata, flor milenaria. La belleza eres tú andando, vagando en la penumbra de mi mente.

Tú no eres mía, ni de nadie. Escapaste de las obras escondidas de los cielos para dejar perplejo al mortal corriente; matando su amargura con una sonrisa tuya.

Eres pura y virgen, bella y profunda, plena y segura. Un sueño hecho carne. Un deseo implacable. Eres de nadie, salvaje dueña del mundo.

Eres la reina de los dibujos del artista, de los escritos del poeta.

Eres la rosa oriunda del Edén bendito y de las orillas del río de mi infinito.

Eres tú, mujer.

-Escrito por Alejandro Viloria. Lunes, 26/11/12.

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