Romantique.

Hoy veo al cielo esperando por la Luna, pero la Luna no asoma su rostro en el firmamento negro.

Ni estrellas saludan, sólo desociego viene y pisa los balcones del ser mío.

Recuerdo el vestido, recuerdo los bailes. Miro hacia atrás y veo su luz, pero no su rostro.

Miro hacia el frente y veo la ausencia de la fragancia de la mujer.

Delicadas sus manos, recuerdo yo, eran ellas. Blancas como el maquillaje marino de las aguas con la luz de la Luna.

Ya su voz no es lo que era, ni sus sonrisas brillaban con aquel resplandor.

Veo el vestido, pero no su portador. Llueve desidia… Truenan las voces.

Ése fue el destino, y el adiós escondido en la estela de las nubes azules.

Dama perdida, no recuerdo tu nombre. En la Luna se tatúan tus saludos, y mi corazón responde.

Hay sonidos perdidos en el bosque de los momentos, y besos perdidos en los vientos de la noche.

Ya no veo vestido, pero sí las pisadas de su ser en mi mente.

Esperaba por la Luna, pero no vendrá esta noche. Es silencio, es descanso, es recuerdo.

¿Vendrá el sol a bañar de lucidez esta penumbra?

¿Amanecerá sobre la eternidad de mi ser?

Volteo de nuevo y se asoma el alba, miro hacia el frente y la Luna se esconde tímida en las faldas moradas.

Hubo Luna, pero no la vi. Estuvo ella y nunca la sentí… Nunca estuvo y sólo la recordé.

Así fue ella, y así quedará. En la brisa bailaba sobre su destino, y en la noche escondió el romance.

Miro hacia atrás y el sol me baña con su calor, miro hacia el frente y la mujer desapareció para siempre…

-Escrito por Alejandro Viloria. Jueves, 10/01/2013.

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