20 Días de Paradoja. Acto 2:

Día, quiero escribirte…

 

Centenares de almas pasaron por estas lagunas, este pasto verde que una vez fue tierra árida. Así me está pasando: soy pasto verde rodeado de aguas cristalinas, pues, al fin me he graduado. Mucho tiempo pasó, tanto que no lo vi pasar, y mi siguiente meta es ser escritor. Empezaré por donde pueda, al fin y al cabo, todo se trata de experiencia y cosechar; cosechar lo que se siembra, ¿no es así? Y siempre se necesita de una fuerza divina que te empuja, yo he de tener la mía, sólo que es imaginativa debido a las circunstanciales vivencias. Siempre la he visto en la universidad, incluso la he visto en la preparatoria, más allá, la primaria, siempre estuvo allí con distintas caras, distintas miradas y distintas sonrisas, pero ahí estaba, sólo que nunca concretaba, pues, ¿de qué se trata esto sin el miedo a ser empujado al río del olvido? Me acostumbré a eso, pero en este caso es complejo. Todo esto pasaba por mi mente…

“Te ves un poco perdido”, me dijo mi mejor amigo, Marco, quien me acompañaba después del último timbre mientras esta tormenta de palabras azotaba los lares de mi mente. “No pasa nada, Marco”, le dije para evitar hablar del tema, pues no quería ensuciar este día, pero le conozco bien, es sólo un preludio para las preguntas directas y las respuestas esquivas, puentes de la verdad que he de soltarle… al final todo por mi bien, supongo. “Cuéntame”, avisaba él, para evitar hacerlo más difícil. “Vayamos al café del campus”, le dije para hacer tiempo y ordenar mis ideas.

“Sí pasan ciertas cosas”, dije obviando ese mar de agujas, para hacerlo corto y conciso. “He notado eso desde hace mucho, Antoine, Hay días en donde tú lo desapareces, quizás por lo ocupado del día o por momentos de mucha emoción, pero siempre ha estado allí. Te conozco desde la prepa, amigo, y esas miradas tuyas silenciosas dicen mucho”, me comentó él, mientras venía la mesera a traernos las cartas… Y con una sonrisa, ella las dejó en la mesa y se fue, entonces así funciona, eso pensé. “Sí, Marco, comprendo esto y es la misma rutina que hablan los mejores amigos en problemas. Es ella”, le dije. Él observaba la carta y miró a la mesera. “No tienes malos gustos”, anunció con su sarcasmo. “No es un juego, Marco, son sentimientos”. Entonces, seguía él mirando la carta, como sin opciones, sin decisión alguna. “Creo que sólo pediré un café”, dijo como si hubiere ignorado mi comentario. Luego de llamar a la mesera y señalarle el café de la carta, y que esta se fuera, él tomó la palabra por los cabellos: “Es que tú nunca has tenido valor ante esas situaciones, Antoine, sin gallardía no podrás hacer nada, y sin hacer nada no aprenderás. El romance es algo enigmático…” Otra mesera vino para preguntarme si deseaba algo, sólo pedí un vaso con agua. “¿A qué te refieres?”, no pude evitar preguntar. “Que uno debe intentar, caer muchas veces para lograr un poco de afecto, atención, una relación mentirosa que te deja sin nada al tiempo-vino la mesera con el café y no pudo evitar escuchar la fría frase de Marco, esta borró su sonrisa de su rostro-¿Lo ves? Ella no puede lidiar con esto, con una opinión, quizás una realidad. El romance puede ser eso, o puede ser un único intento que te lleva a la felicidad consumada, o varios intentos ciegos que te llevan a esta, digamos que el amor se da en el momento justo, con la persona justa, lo demás es una mentira que nos trae a esta verdad-finalizó tomando un sorbo de su café. Seguía con mi mente torcida ante estos cuestionamientos y diretes: -¿Acaso quieres decir que el intentar no garantiza el logro?- Me miró como a un chiquillo y dijo: -Es una pieza para tu rompecabezas, amigo. Quedé consternado, pues era precisamente de lo que trataba esconderme, de esta situación de riesgo: -Eso ya lo conocía, Marco, precisamente por ello no quiero hacer nada, aún si no me siento bien con ello. Es mi costumbre. Y sí era mi costumbre, pues toda mi vida me escondía de mis sentimientos para evitar el frío rechazo o la ardida burla, ver una cara la cual jamás me figuré ver. –Amar sin saber amar… Dudar de amar, o no querer amar por dudar, es lo mismo, amigo; sufres entre tus paredes, tú eres tu verdugo. No debes hacer algo ya, sólo debes observar. Tú no presentas la prueba de lleno, tú practicas, tú estudias, te preparas, así sabrás tus cualidades y capacidades-observó mi mirada extrañada y continuó-Me refiero a que debes buscar ser su amigo, Antoine, conocerla, deleitarte con su persona, ver si es realmente la mujer que te figuraste en tu mente cuando la mirabas desde tu burbuja. No temas, pues una mujer que se llame como tal jamás ignorará la mano cálida de un hombre, llámese amigo o buen pretendiente- sentenció terminando su taza de café. Yo no dije nada, pues nada debía ser dicho, y él terminó diciendo: -No mires cuánto falta por llegar, disfruta el viaje, Antoine-se levantó y me invitó a continuar nuestras vidas. 05/05/03.

 

Caf_caliente

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