20 Días de Paradoja. Acto 3:

Tarde, hoy te pido dejarme escribir…

 

Hoy he tenido la mente perdida. Más allá de estar buscando trabajo y encarar la realidad de la competencia y el mercado, tengo algo que me inquieta. No he podido hablar mucho con ella. No es que hablásemos mucho cuando estudiábamos, pero ya no sé nada de ella, y eso tiene mi mente distraída desde que desperté. Pasaron ya 5 días desde que me gradué. No siento que ella sea parte de mí, que deba ser un objeto que adorne mi vida, pero duele su ausencia aún sin llegar a nada, siquiera una amistad concreta y llena de energía y cariño. No sé por qué me duele perder algo que nunca tuve. No aguanté mis ataques de ansiedad y tristeza, debía hablar con alguien, así fuese para desahogar mis contradictorias penas, en fin, soy un simple hombre. Me medio arreglé y fui a casa de Marco, vivía a 2 cuadras de mi casa. Le avisé que iba y me recibió en ropa interior, es cierto eso de que la confianza es una cochinada… -¿Qué pasa, Antoine?- me preguntó con fastidio, parecía que lo hubiese despertado.-Se trata de ella de nuevo-dije mientras se giró para irse a la sala, ya sabía qué era.-Piensas mucho las cosas-dijo como regañándome-Las cosas siempre están al alcance y comprobarás si lo que sueñas es posible, si lo es, si entra en juego con lo que eres capaz de hacer, si eres capaz o no, es cosa de descubrirlo intentando. No hallarás respuesta alguna en este desahogo tuyo; vaciarás un vaso que se volverá a llenar y a derramar. Y tenía él la razón, pensaba yo. ¿Qué ocurre en mí? ¿Por qué no tengo el valor?, me preguntaba a mí mismo. Sólo quería que esta angustia abandonara el corazón, y eso le dije a él, eso exigí.-Por eso estás sufriendo, porque quieres deshacerte del amor en tu vida, quieres que simplemente suceda. Que simplemente ella llegue, te ame por lo que eres, aceptando todo de lleno. Que ella te alabe y llene tu vacío. Nunca sucederá, pues eso no existe, eso es una inmundicia que nos azota, y, si caes en eso, me decepcionarías mucho, Antoine. Venga, que tienes dotes mágnificos, debes descubrirte. Debes comprenderte para luego buscar comprender a las mujeres, a la mujer que te atrae. Comencemos por lo que deseas-me incitó a rebuscarme dentro, le contesté que deseaba estar con ella. Que no quería llenar ningún vacío, sólo que no sabía por dónde empezar, y tenía miedo de que me rechazase. Que sé que era incorrecto ese pensamiento, pero no conocía algún medio para llegar hacia ella, conocerla más allá de esas paredes donde estudiamos tantos años.-Entonces, ya está, es cosa de arriesgar. No te compliques, vamos a intentarlo, estaré contigo hasta cierto punto…-dijo.

Pasaron 3 días desde aquella conversación, buscamos por medio de conocidos, puesto que muchos vivíamos en los suburbios, y dimos con ella y su grupo de amistades. Marco y yo nos acercamos al parque de la urbanización donde ella vivía, a 15 minutos de mi casa, ¡qué sorpresa! Nos vio, y nos saludó con impresión, pues nunca nos había visto por allí, nosotros fingimos tal expresión. -¡Marco, Antoine! ¿Cómo están? Yo me quedé helado, pero Marco, que no se inmutó, creó una historia apropiada. -¡Qué sorpresa, Caroline! Estamos bien, sólo pasábamos a caminar por este parque, pues a Antoine le llamó la atención y decidimos venir a caminar y conversar. ¿Tú qué haces aquí? –Yo vivo por aquí.  Estoy pasando el rato con mis amigos. Vengan, los presentaré- dijo ella con su sonrisa que tanto me hacía vibrar. No hablé en ese momento. Pero fui conociendo su entorno, poco a poco, pasaban las horas, Marcos me miraba con cierto estrés y decepción, pero yo mismo fui soltándome, me sentía bien, pues lo que soñé alguna vez, estaba sucediendo, era una realidad, pero a la vez era el principio de un largo camino que nunca asegura nada, pero, después de ver un poco desde fuera de mi burbuja, ¿qué cosa es segura en esta vida sino la propia muerte? Sólo era cuestión de matices de colores en un gran prisma, y este era el color en el que decidí teñirme en cuerpo y alma, no sabré por cuánto tiempo, pero ya elegí.

Seguía hablando con ella, se iban sus amigos, me despedía de ellos como si los hubiese conocido desde hace mucho, sentía la confianza que jamás tuve. ¡Marco tenía razón! Aquel despiadado amigo mío sabía lo que decía después de todo. ¡Estábamos los 3! Y Marco se sentía más calmado, pude notar que aprovechaba los chistes para desahogar la risa de su satisfacción, quizás de hacerme ver que él tenía razón, quizás de verme a mí viviendo lo que jamás creí que sucedería, o ambas. Aprovechó en descanso entre charlas, y puso una excusa, “se debía ir por…” dejándome solo en esta barca tan vasta. Me sentí súper bien, y muy nervioso a la vez. Nos quedamos ella y yo, solos, ya era de noche en el parque. Era un sábado hermoso, pues se asomaban las estrellas, a contemplar, quise pensarlo así, cómo estaba feliz de tenerla riendo a mi lado… 09/05/03, 13/05/03.

bancos-en-el-parque

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