20 Días de Paradoja. Acto 7:

Noche, no escribo ahora…

 

Estaba mirando por la ventana, fue un año lleno de cosas buenas y cosas malas, como cualquier año, y cada año es único e irrepetible, sólo que tenemos las sensaciones, las mismas, pero que se viven en días diferentes, pero hoy, siendo ya 24 de diciembre, es la misma sensación de nostalgia y alegría. Volteé y estaba todo el mundo reunido, diferentes conversaciones, anécdotas, bajo esta temática que relaté hace poco. Decidí salir al vecindario, reunirme con Marco y buscar a los demás. Debía hacerlo hoy, no sé por qué, pero debía decirle a ella todo de una vez. Sentí que viví lo necesario y sentí lo suficiente para asumir estas palabras fuertes que cambiarían muchas cosas. De alguna forma, pensarlo me hacía sentirme débil, pero a la vez un poco esperanzado y, quizás, confiado.

Salí y fui a la casa de Marco, al igual que mi hogar, la suya estaba repleta de gente, compartiendo. Me vio y le hice señas de salir, se veía de alguna forma aliviado; nunca le gustó estar cerca de mucha gente. –Hoy será una noche larga-comentó al cerrar la puerta principal. –Lo sé, se trata de una noche especial, Navidad. Es algo que uno aprecia al tiempo, cuando te quedas solo. En fin, pensaba en ir con los demás antes de los fuegos artificiales-le sugerí. –Planeas hacer algo, ¿verdad?-le miré y me reí un poco. -Es un riesgo fuerte, Antoine, pero me alegra que sepas el valor que hay al arriesgar; te sientes vivo, errante, humano-sentenció Marco mientras íbamos por el parque que estaba adornado para la época navideña.

Llegamos al lugar y estaban todos, parece que pensaron lo mismo que nosotros. Caroline me vio y sonrió como es usual, me saludó como en confidencia, y yo quedé extrañado, pero en fin, así es ella. Empezamos a conversar todos, hasta que poco a poco, se empezaron a ir conforme avanzaban las horas y se acercaba la medianoche, la hora de los fuegos artificiales. Marco notaba que se acercaba también “ese” momento.  Entonces, llegó la hora, Marco vio que marcaban las 11:15 de la noche. Caroline siempre se quedaba en el parque pues su familia era pequeña: su madre, y un par de hermanos. Ella se iría a las 11 y 30, me quedaban 15 minutos. Marco no se fue antes sin que ella le diese a él una pulsera, como a todos los demás, ella era una persona cariñosa y afectuosa con sus cercanos, supongo yo por la poca familia que tenía o porque simplemente ella es así, cosa que siempre he pensado. Marco agradeció el gesto y se me quedó mirando, era una mirada de apoyo, de confianza en mí la cual le retribuí con una señal de seguridad con mi pulgar. Caroline se quedó conmigo y puso su cabeza en mi hombro, me sentía confundido, no sabía si hacerlo o no, y dejé de pensar. Y cuando dejé de hacerlo, mi corazón dejó de latir con fuerza y las palabras llenaron mi mente y empecé a hablar. Ella subió un poco la cabeza. – ¿Qué tienes?-preguntó ella con su tierna voz. –Tengo muchas cosas de la que debo hablar contigo-le dije mirando hacia los árboles. –Cuéntame-se dejó ella con su cabeza en mi hombro. –Seré claro: me gustas mucho-dije yo entre simplezas del mismo nerviosismo interior. Ella levantó su cabeza inmediatamente y quedó sorprendida, pero continué mi monólogo: -Me gustas desde hace tiempo, y aprovecho este día porque sé que no aguantaría hasta una próxima vez. Me gusta todo de ti, y he tratado de aguantar con ello, pero no puedo. No puedo ensuciar mi amistad contigo con estos sentimientos contradictorios, mucho menos puedo mirarte y sonreír escondiendo tanto. Quiero que sepas que te admiro, y te aprecio como no tienes idea. He lidiado mucho tiempo con esto, pero lo he hecho porque no he querido alejarme de ti, tampoco he querido luchar por mis sentimientos, pues sería mandar al abismo nuestra relación. Sólo puede suceder una u otra cosa. Y vengo a decirte esto para sincerarme contigo, para que sepas que te veo de otra forma diferente a la que tú me ves, y aún así te quiero tanto, que dejo caer mis manos y me rindo a esto que siempre me has ofrecido, a tu amistad. Te quiero tanto que a veces me duele, Caroline…-la miraba y seguía hablando, ella se veía consternada sin nada que hacer, como en una cuerda floja, era normal, siempre es normal. –Y eso es todo lo que tengo que decir. No es necesario que digas algo ahora, pues conozco lo que sientes, y es mejor así-dije yo para evitar lidiar, de alguna forma, con las palabras que me bajasen de los cielos. –Realmente no sé qué decirte, Antoine, son palabras muy serias y muy profundas, incluso para mí. No debías esconderme por tanto tiempo esta clase de sentimiento, pues, como dijiste, terminaste haciéndote daño, y no quiero verte sufrir, mucho menos por mí. Así como lo sentiste, así lo digo, para mí eres un amigo, pues siempre has estado allí para mí y creo no darte un mismo esfuerzo del que tú has dado. No me siento lista para asumir algo tan delicado como una relación amorosa… A pesar de que a veces me he sentido segura y muy querida a tu lado, y sentirme feliz contigo. No quiero asumir algo así y decepcionarte. Mereces algo mejor. Lo siento… -dijo ella con algunas lágrimas en su rostro, mi corazón se rompió así como sus lágrimas al caer al suelo. No pude decir más sino su nombre en un intento de detenerla, pero no pude hacer nada, aún así, terminé sin poder hacer nada, incluso en mi derrota.

Me fui y me dolió demasiado, incluso cuando suponía saber cuánto dolería. Marco estaba en el parque, oculto en la oscuridad y me llamó. –A veces es así… Lo importante es que tus dudas fueron aclaradas y sacaste a la luz un sentimiento valioso ante la persona que crees que es valiosa para ti. Dale tiempo, volverán a hablar si ella también te valora. – ¿Y si no?-pregunté con la voz desgastada. –Pues nunca te valoró y te dolerá esa verdad, pero, como dice este cliché, el tiempo sana todo. Es la única realidad en este mundo. –No tengo ya ganas de hablar, Marco, perdón si me callo ahora. –Tranquilo, comprendo perfectamente. Nos fuimos, ya eran las 12 y los fuegos artificiales escondieron dos caras llorando con sus estruendos. 24/12/03.

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