20 Días de Paradoja. Acto 9:

Noche, amanecerá pronto…

Estaba con mis padres, era el último día del año. Marco estaba también en donde sus familiares, lejos. Robert se quedó en la ciudad con su novia y la familia de ella, pues sus padres viajaron a Europa y viven allá y no pudo costearse el viaje, pero viajará a mediados del próximo año para compensar este tropiezo. Se sentía bien regresar a casa. Ya me había reunido con los pocos del grupo que vivían aquí y les deseé un mejor año. Pasaría una semana aquí. Y en esa semana tenía flojera para escribir, o estaba corto de inspiración. También dejé de pensar en este mi problema y, bueno… Todo estaba más calmado, más relajado, y por fin me sentía en esos aires de paz. Por lo menos por unos días… Mi padre y yo conversábamos mucho sobre la historia, la literatura, mis proyectos, mi vida, todo sobre mí, se interesaba mucho sobre eso, pues soy su hijo, y soy fruto de su historia. Siempre estaba latente el tema de la mujer, siempre él quería que yo valorase las oportunidades vividas con ellas, pues, para él, la mujer transmiten vivencias únicas que, cuando uno las repasa a lo largo de la vida, uno denota que cada experiencia es un trazo de este dibujo que somos nosotros, los hombres. Eso decía siempre, y siempre pensaba en ello cuando lo hablábamos. Nunca fue ese padre machista que me hacía ver a las mujeres como pruebas de obstáculo, una montaña que debía escalar porque sí, porque el cromañón de hace miles de millones de años sometió a su contraparte femenina y la dominó. Siempre me hizo ver el romance como una vivencia más que una prueba de conquista, una demostración de astucia y masculinidad.

-Yo no sé cómo tener novia-dije a mi padre en son de broma. –Nadie sabe realmente cómo, Antoine. Es como la madre primeriza y el papá nervioso por su primer hijo, no saben cómo ser padres, sólo lo van viviendo día a día; así es el amor en este mundo, un caminar a ciegas creyendo que sabemos cómo llegar, pero nunca sabemos, hijo, sólo nos guía el sentimiento y el raciocinio de lo que creemos que es el amor.-dijo él rascando aquella barba de toda la vida que siempre tenía. –Siempre me dices lo mismo, papá, y cada día comprendo mejor este concepto tuyo. Creo que tiene sus cosas buenas y malas, como lo es todo.-Era difícil para mí este tema por lo complicado que ha sido para mí mis vivencias románticas a lo largo de mi vida, desde el silencio hasta esta dramaturgia shakesperiana con Caroline.  –Antoine, cuéntame cómo te sientes. Te veo muy distante, mucho más que cuando te fuiste –comentó papá. –Tengo la mente turbia por Caroline, Romeu. –le decía a veces así, era su nombre, era como por motivo de respeto, amistad, mi padre era más que eso, era mi amigo. –Creo que no he sabido lidiar con la noticia de que se casaría en estos días, y más por la manera en la que hablamos la última vez que nos vimos. –dije yo. -¿Qué te dijo ella? –preguntó Romeu. –En resumen, me dijo que le dolía verme en este hueco sentimental, pero que ella no podía hacer nada. Me miró con algo de tristeza, así como incomodidad. –comenté. –Eso no fue lo que te dolió, te dolió otra verdad mal dicha. –infirió él, y tenía razón mi padre. Ya ella demostró eso cuando me le declaré; lo vi en sus lágrimas, su confusión, su impresión. –Ella me dijo que pensé más en desahogarme que en las consecuencias de mis palabras. Que mi ansiedad y egoísmo destruyó algo que podía ser a futuro, eso fue lo que me dejó mudo, y ella vio esa expresión en mí, y vio mi realidad, mi verdad, y se fue. –Al decir esto, me sentí mal de nuevo, eran las palabras más duras que pudiere oír de una persona tan dulce, pesan tanto que aún las tengo dentro, después de tanto tiempo. –Escucha, hijo, la verdad duele, pero no fue tu culpa. Nosotros los hombres somos a veces toscos con nuestros sentimientos, no solemos lidiar con tantos cambios de humor, o con el peso del mismo sentimiento amargo de, séase, decepción, impotencia, amargura, dolor. No es fácil. Pero lo que ocurre debe ocurrir así, porque eso fue lo que debía pasar, y si hubieres hecho algo diferente, sólo maquillarías la verdad y alargarías este sufrir que llamamos duda. –Lo miré y no dudé en preguntar. –¿Qué debo hacer? –Mi padre me miró y me llevó hacia afuera. –Debes dejarlo ir. Ya encontrarás la manera, debes desahogarte y no ser correcto con la sociedad, con los que crees que viven peor que tú, con los que sufren más que tú, pues siempre habrá alguien que padece o vive peor que nosotros. Pues no es el pobre que siempre sufre, también sufren los que están mejor económicamente, pero eso no sugiere que sus vidas sean plácidas y repletas, están vacíos de algo, y sufren por ello. Tú estás sufriendo más que alguien, y alguien sufre más que tú; tienes derecho a quejarte y desahogarte, pero siempre con la promesa de seguir viviendo y continuar esto. –sentenció mi padre. No dije nada, Romeu sabía lo que decía. Era mi padre, tenía experiencia, y decía lo ideal. Era hora de dejar ir a Caroline.

Escribí este resumen, mi padre me dijo más cosas, pero son más personales, no compartiré esto con mi máquina de escribir… el regalo de mi madre de Navidad. Fue una gran semana. Abracé a mis padres, ya era enero del año 2006… 28/12/05, 29/12/05, 30/12/05, 31/12/05, 01/01/06.

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