Pensamiento Venezolano: Gloria Al Bravo Pueblo.

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Nuestra historia data políticamente desde la colonización española, desde entonces nunca hemos gozado de una libertad plena. La libertad ha sido tan corrompida desde sus inicios que cualquier concepto termina siendo válido según cualquier punto de vista, argumento bastante absurdo a mi parecer. Para mí la libertad es el hecho de que cualquier ciudadano tiene el derecho de utilizar sus recursos para alcanzar un bien, esto aplica para un grupo de personas, y esta libertad termina al entorpecer la del prójimo. Venezuela nunca ha gozado de libertad plena, pues hasta nuestro mismo Libertador nos sumergió en una dictadura en aquella época; es así, entonces, que diseñamos una historia política -siempre sucia- que nos persigue hoy día. En ninguna república hemos respetado la Constitución de turno y siempre se trataba del político mesiánico que “robaba pero que hacía obras, colegios, asfaltaba la carretera y pues eso es bueno”, ese ha sido nuestro lema, nuestro slogan; un tatuaje que nos dejamos colocar y al que nos acostumbramos a visualizar en el espejo de nuestro día a día. No importa si hay corrupción, mientras el gobierno nos dé la migaja correspondiente, y aún así el venezolano viajaba, disfrutaba de una vida placentera, pero el pobre era tratado como tal. Había diversidad y opciones para desarrollarse, pero el pobre se quedaba pobre, no se le veía y tampoco se les daba una opción más, grave error de antaño.

Sin embargo hubo una inflexión en nuestra historia, pasamos del político que robaba y hacía obras de envergadura, pero que no golpeaba duro su mano corrupta por nuestro regalo subterráneo, el oro negro. Esta inflexión viene desde aquel golpe de estado fallido, donde aquellos rebeldes, de mal orden táctico y cuasi militares dejaron más muertos que éxitos en la nueva orientación de un país que iba con vías de retrasos, quedaron latentes para hacerse con el poder; aquí cometemos nuevamente un error de costumbrismo cultural: darle poder a un militar. Pensando en una tercera opción, además de aquel pacto puntofijista, de revolución socialista mal maquillada de libertad. Todos tenemos una versión sobre esta 5ta República; la mía es la que generalmente se oye silenciosamente en las calles: destrucción total. Aquí caemos al vacío de golpe… un año peor que el anterior, donde el que sigue será peor, y en donde sólo bromeamos con los amigos y familiares y buscamos soluciones cómodas y cobardes de huir del país “así sea por las trochas”, aquí es a donde deseo llegar: a nuestro pesamiento venezolano.

El venezolano siempre fue conocido históricamente como un ciudadano jovial y que siempre buscaba soluciones en medio de las crisis de nuestros gobiernos antecesores, esto es un arma de doble filo pues en este buscar creativo, en este escape de pesares, nos acostumbramos a eso, a huir y no a enfrentar los problemas, aunado a que este gobierno nos acostumbró -usando la debilidad de la 4ta República a su favor, el darle protagonismo al pobre, pero dejándolo igual de pobre- a mendigar y a conformarnos con regalos de cartón: Casas mal construidas de piso de cemento y techo de fiambre, con dos cuartos para los 8 familiares y un patio de tierra. Misiones de educación paupérrima y centralizada en endiosar una ideología de atraso. Alimentación pésima e importada de la peor calidad, y pare de contar. El venezolano “socialista” ve esto como mansiones, alimentos sustanciosos y educación digna de envidiar al Primer Mundo. Este venezolano sigue en la pobreza, pero vive con el placebo de un gobierno que le satisface los oídos con promesas y libretos bananeros para gritar cánticos representativos de su situación. Este venezolano fue ignorado por la 4ta República, pero muchos de estos nunca buscaron ir más allá, nunca buscaron añorar más de lo que tenían y conseguirlo por esfuerzo propio y legítimo. Así fue como este venezolano se acostumbró no solo a NO crecer como ciudadano estudiando y ejecutando sus estudios, sino a que el Gobierno debe mantenerles y darles todo, así sea de mala calidad.

¿Qué hay del otro venezolano? El de clase “media-alta”, se convierte en un venezolano costumbrista y cómodo, así como el pobre, pero que quiere buscar opciones fuera de su tierra, que quiere que este Gobierno caiga, pero sin realizar esfuerzo alguno. Este venezolano piensa en muchas cosas como: estudiar y graduarse rápido, pero sin pensar que es probable que no consiga empleo, y si, dada la casualidad lo consigue, ganará sueldo mínimo, el cual no da ni para la cesta básica. ¿De qué sirve un diploma o un empleo si no podrás crecer ni desarrollarte en el mismo? ¿De qué sirve esto cuando permanecerás estancado buscando dinero “matando tigres”? Entonces este venezolano va por el lado cómodo: irser a otro país “así sea a lavar pisos en Estados Unidos”. Este venezolano se queja de todo pero no resuelve no ofrece alternativas, quiere que otros asuman una lucha imposible si no se unen todos. Este venezolano se queja de corrupción, pero hace “marañas” y busca “palancas” para obtener lo que quiere. Este venezolano es deplorable, más aún que el pobre mantenido que apoya el “socialismo del siglo XXI”, pues este venezolano es consciente de la situación deplorable del país, de las circunstancias de alto riesgo en las que vivimos, pero se decanta por facilismos.

Y es así como nos hemos convertido del “Bravo Pueblo” que se entona en nuestro glorioso Himno Nacional; un venezolano de gallardía e inteligencia; cultura basta y rica en historia y ramas; etnias varias que nos convierte en un pueblo de diversidad sin distinción, a convertirnos en dos bandos con diferentes tonalidades del mismo color que defienden, pero al final somos el mismo vagabundo pidiendo limosnas al Gobierno o a la Oposición; nos acostumbramos al problema y usamos nuestra intuición creativa para sobrevivir y no atacamos al problema con estudios, con sudor y esfuerzo, con independencia del Gobierno y con la mentalidad de que un Gobierno debe hacer su trabajo y que no nos hace favores. El venezolano debe dejar de creer en políticos endiosados, en salvadores que hablan y profezan sobre mejorías, sobre calle y más calle. El político nunca fue pobre, nunca padeció, nunca sabrá lo que es padecer, pero sí debe ser alguien estudiado que conozca alternativas para el desarrollo, y nosotros debemos guiar estas alternativas a favor del presente y futuro del país; esto lo hacemos creciendo como ciudadanos, ser educados y amables, ser progresistas y proyectarnos a futuro, siempre innovar. Así, y solo así, llegaremos a algo con nombre y apellido para el bien de nuestro país.

¿Qué pensarán nuestros próceres de nosotros? ¿Qué pensarán nuestros ancestros? Pues así estamos. ¡Dejemos la “guachafa” y asumamos el responsable derecho a exigir un cambio de pensamiento y de Gobierno para el bien de nuestro país!

 

-Escrito por Alejandro Viloria. Miércoles, 23/04/2014.

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